Día 12: Misceláneas

Cuánta energía en el ambiente se sentía ya desde temprano. Cuánto calor, también. Era día de semifinales y nadie se las quería perder. Hasta cuando cayó el sol el calor permaneció. Pero era una calidez especial, que bajaba de las cuatro tribunas, junto al aliento de los 12 mil presentes. Los nervios estaban a flor de piel, las gargantas estaban anudadas, las manos se transpiraban. Afortunadamente, para cuando llegó la noche, y con ella los goles argentinos, los síntomas desaparecieron. Paradójicamente, reinó la tranquilidad interior pero la exaltación general.
En el primer turno España y Japón peleaban por el honor. Más allá de los puestos en juego, lo más especial fue el reconocimiento de Silvia Muñoz por sus 200 partidos internacionales. No eran muchos los que se habían acercado tan temprano al estadio mundialista, tampoco llamaba mucho la atención el encuentro. Pero para la hora en que finalizó el partido las tribunas ya estaban a medio poblar, porque el segundo enfrentamiento prometía.
Cerca de las tres de la tarde, llegaba el colectivo de Holanda. Una por una bajaron las jugadoras. Algunas en su mundo, unas más serias y otras más sonrientes. Minutos más tarde, a la cancha. El estadio ya estaba casi repleto. Y en las tribunas había sensaciones encontradas. La gente chiflaba a las inglesas, pero a su vez festejaba cada jugada a su favor. Nadie quería a Holanda como finalista. Pero más allá de las simpatías o apatías por los equipos en el campo, las voces estallaban a favor de Argentina.
La ansiedad se incrementaba con el paso de los minutos. Ya demasiado cargado estaba todo con los penales entre Holanda e Inglaterra. Y para amenizar un poco y subirle el ritmo a la noche, antes de que Las Leonas y Alemania salieran a la cancha, la música brotó de los parlantes a todo lo que daba. Una verdadera fiesta.
Los globos en las populares y las banderas en las plateas pintaban los cuatro laterales de celeste y blanco. Tras los himnos nacionales y el reconocimiento a Katharina Otte por sus 50 partidos, empezó a rodar la bocha. Las pulsaciones se aceleraron. 70minutos más tarde ya estaba todo dicho. Las Leonas abrazadas festejando con la hinchada y dos de las jugadoras alemanas, cabizbajas, sentadas contra un cartel publicitario. Una imagen muy fuerte.

Articulos relacionados: