La chica de la tapa

Fue sin dudas la chica de la tapa. Y eso que no se llama Luciana. Ni la apodan “La Maga”. Se llama Daniela. Y se apellida Sruoga. Tiene 22 años y una desfachatez para jugar al hockey que asombra. Va al frente. Agarra la bocha y encara. Y vaya si encara. Que lo diga la arquera de Inglaterra, sino. Presionó, recuperó, encaró a pura velocidad y ya dentro del área sacó una cortada de revés que se clavó en el segundo palo. Una joyita. Un golazo. Para ponerlo en un cuadro.
“La verdad que fue un gol soñado”, dijo Sruoga en la zona de vestuarios. Y eso que cada vez que se le preguntó por su gol intentó esquivar los elogios. Porque la Daniela desfachatada, atrevida, irrespetuosa en términos deportivos, se ve sólo en la cancha. Afuera, ante los micrófonos, es pura timidez. Se presta al diálogo pero dice lo justo y necesario. Entonces, da crédito a su gol pero resalta, una y otra vez, la labor del equipo.  “Obvio que estoy contenta por el gol, una siempre sueña con marcar un gol así, pero lo importante acá es el triunfo, no mi gol”.
Intenta cambiar de tema, llevar las consultas a otro terreno pero no puede. Las preguntas son todas sobre su inolvidable conquista. Entonces, responde: “Llegó justo en un momento clave del partido ya que no podíamos definirlo. Me tocó a mí pero fue algo circunstancial”.
Pasan los elogios sobre su gol y Daniela se relaja. No es una chica autorreferencial. Se siente más cómoda hablando en plural y no en primera persona.  “Estamos contentas porque ganamos el grupo, terminamos con puntaje ideal. Ahora en pensar en las semifinales”, asegura. “¿Si Australia o Alemania? Me da lo mismo, queremos ganar a todos aquellos rivales que se nos pongan adelante”.
Las cámaras se apagan. Ella no. Está feliz. Contenta. Motivos le sobran. Qué dudas caben.

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