Día 7: Misceláneas

“El sol nos cambia el humor a todos”, dijo una de las colaboradoras de la organización del Mundial. Es que por primera vez desde el inicio del torneo las nubes se abrieron para dejar que los rayos del sol calentaran el ambiente. Sin dudas, reinaba el buen humor. Y cuando llegó la noche lo que primó era la euforia.
[slide]
Llegaban, una tras otra, camionetas con grupos de chicas. De todas ellas bajaban grandes grupos de jóvenes, con pelucas algunas, con gorros otras y unas cuantas con banderas. Todos se querían destacar por algo. Nunca había habido tanta gente desde tan temprano. En lo días anteriores, por más que jugaran Las Leonas, el frío espantaba a la gran mayoría y las tribunas se llenaban sobre la hora del partido de Argentina.
Esta vez fue diferente. El reloj marcaba las 14.30, las gradas ya estaban llenas en un cincuenta por ciento y los “trapos” con insignias de variados clubes y ciudades adornaban el estadio. Personas de todo el país se acercaron a Rosario a alentar a Las Leonas. Imaginen lo agradable que era esto para Inglaterra y Sudáfrica, que por primera vez jugaban en la ciudad con semejante cantidad de público. Aunque el que más pudo disfrutarlo fue el equipo africano dado el cariño que la gente le brindó.
Llegó la hora de Corea y España. En esta oportunidad fue el segundo el mejor recibido por la gente, que hasta gritó con ganas sus goles. Pero dentro del campo el partido se aplacó y así también las tribunas. De repente se escuchó un griterío infernal ¿pasó algo entre las coreanas y las españolas? No, las voces provenían desde atrás de las plateas y se debían a la llegada del colectivo argentino.
Y llegó lo más esperado de la jornada. En las tribunas no cabía un alfiler. Cerca de 12 mil espectadores colmaron cada centímetro del predio. Las Leonas ingresaron al campo para el calentamiento y el mayor calor lo recibieron del público. Fue ensordecedor. Un recibimiento que emocionaba a cualquiera. La ola empezó a girar, dando como cinco vueltas al estadio. Increíble. Automáticamente la hinchada prosiguió: “Soy argentino, es un sentimiento, no puedo paraaar”. Y el mejor instante, sin dudas escalofriante, fue cuando las miles de almas corearon las estrofas del himno nacional.
Con semejante marco se hacía fácil comprender los nervios de los que hablaron las jugadoras una vez terminado el encuentro. Y si bien el aliento fue constante hubo algunos instantes que se destacaron. “Que vuelva Aymar, que vuelva Aymar”, cantaron las dos veces que la capitana de Las Leonas fue sancionada con una tarjeta verde. “Las chinas tienen miedoooo”, pronunciaban las tribunas cuando la visita pedía un videoref. El momento cúlmine, todos coreando el nombre de La Maga. Sí. Después del regalo increíble que les dio a todos, Lucha se lo ganó.

Articulos relacionados: